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La Diablada
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Foto enviada por Alejandro Arias
Simbología mítica del relato de la diablada

La Diablada, es la expresión mítica del minero, desde los tiempos de la Colonia; danza propia de la región Andina, que según investigaciones de folklorólogo, tuvo su
origen entre la gente del lugar que hacia el laboreo y la explotación de la minas.

La antigua figura del "Supay" palabra quechua que designa con toda propiedad
al Diablo, era para nuestros indios un pequeño Dios solitario y destructor, al que
rendían culto temeroso, porque desde sus alforjas derramaba todos los males que
conoce el mundo.

Supay tuvo el presentimiento de ver venir del otro lado del océano, un monstruo
alado, comandando un ejército de hombres blancos vestidos de metal y montados
en desconocidos cuadrúpedos.

Enfrentados, el Dios lugareño y el desconocido "Ser maravilloso de cuerpo,
de formas humanas, negro y brillante como el plumaje del cuervo",
entablaron el
siguiente diálogo:

- Quién eres?

- Supay; y tu quien eres?

- Yo soy Satanás

En ese preciso momento, dice el mito en que el Dios del sufrimiento y el Dios
del mal se conocieron, chocaron los guerreros blancos y cobrizos, venciendo los
primeros al caer los últimos fulgores del sol. Satanás al instante con íntima satisfacción
y sonrriendo propuso al Supay

- Quieres venir conmigo? he de enseñarte muchas cosas.

- No. Déjame solo, irá con los míos.

Y huyó para esconderse en lo profundo de las montañas, librando a los indios
de las enfermedades y poniendo al alcance de los mineros, que son "sobrinos" del
tío Supay, los más hermosos filones de mineral.

Dejamos pues establecido que dentro de la mitología andina el Supay es el
equivalente quechua del diablo, pero no así el de Satanás.

(Extraido del folleto de "La Diablada Fraternidad Artistica y Cultural")

ENTRE DIABLOS, ANGELES Y ANIMALES.

La farsa coreográfica consiste inicialmente en el propósito maligno de invadir la tierra y apoderarse de
las almas de los seres humanos, convirtiéndolas al mal. Este drama teatral está compuesto por los
siguientes personajes:

EL ÁNGEL

Es la figura más relevante de la Danza, pues es quien dirige y comanda los movimientos de los danzarines
en la explanada.

LUCIFER

Fue también un Ángel, pero este se reveló ante Dios. Luzbel arrojado de los cielos se convierte en Lucifer
y en la danza protagoniza el enfrentamiento contra el bien organizando las mudanzas de los componentes
de su corte infernal.

SATANÁS

El segundo de las huestes infernales, se encarga de colaborar en la danza con los movimientos que
realiza en la parte central el Lucifer.

CHINA SUPAY

Representa la tentación de la carne durante la demostración, es la compañera inseparable de Lucifer y
Satanás.

CHINA DIABLAS

Sin contemplar los valores humanos de las mujeres las convierten al pecado y en la danza representan
la obscenidad ofendiendo al ángel Miguel con sus movimientos impúdicos.

LOS DIABLOS

Representan a los incautos corazones de los hombres quienes al mando de Lucifer y Satanás personifican
los Siete Pecados Capitales y en las demostraciones son los artífices de la Maravilla del Ballet Callejero
de alta escuela.

DIABLILLOS Y DIABLILLAS

De acuerdo a la Biblia, los niños son las presas inocentes de la maldad; combinada la inocencia con la
maldad son los seres malignos del futuro. En la acción del baile realizan sus primeros intentos en forma
de juego, las acrobacias de los mayores.

          HUKUMARIS

Son seres mitológicos que habitan en las serranías del altiplano, acechando a sus víctimas en los días de fiesta para secuestrar a las doncellas. En el baile simulan estos efectos invitando al baile a muchachas.

          OSOS

Son los seres que atemorizan a los habitantes del lugar atacando a sus rebaños y a los niños, en la
coreografía tienen la misión de alegrar al público.

EL CÓNDOR

Es uno de los elementos básicos de la mitología toda vez que enviado por Supay para exterminar al
pueblo de los Urus. Su participación en la danza se circunscribe a señales de referencia y presentación
del conjunto.

 

Ultima Oración para todos los día

Oh! Dulcísima Señora y Protectora nuestra, María Santísima del Socavón.

Bendita seáis mil veces, por la inefable caridad con que quisisteis que vuestra hermosa
imagen, abandonada por los que la hicieron copiar en esa dichosa pared fuese descubierta
prodigiosamente por aquel ladrón, devoto vuestro, y entregada a la veneración pública.

Bendita seáis mil veces, por la piadosa complacencia con que, desde entonces sois de
este pueblo su defensa, su refugio y un mineral de gracias celestiales.

Ahora Señora, mostrad a todos y en todo tiempo que verdaderamente sois la más rica
mina de eficaces auxilios y que cuantos os invocan y llegan a vuestra presencia, nunca quedan
desatendidos.

Y así Madre amorosísima, favorecedme en todos los trances peligrosos de la vida;

remediad las necesidades de muchos a quienes les falta el pan diario, socorred a los indigentes
que acaso reclinan su cabeza en una puerta y esta se les cierra, amparad a los desvalidos y
huérfanos.

Mostraos especialmente tierna y compasiva con los mineros que os llaman
su patrona y con los forasteros que vienen a presentaros la ofrenda de su corazón;

cubrid con vuestro manto a las inocentes vírgenes y a los jóvenes que aún
conservan el alba estola de su candor; desviad de los pasos de los que
actualmente se dirigen al abismo de la perdición, aliviad las dolencias de los
enfermos, fortaleced el espíritu de los moribundos y extended vuestros
beneficios a las almas del purgatorio y en particular a las que en vida fueron
vuestros devotos.

Finalmente, Señora os pedimos, no permitáis que jamas lleguen a este pueblo
querido las devastaciones del incendio, el terremoto y las pestes; y también que
nunca nos sorprenda una muerte repentina ni otra alguna desastrosa, sino
una muerte verdaderamente cristiana y santa para veros y gozaros en el cielo.

Por toda la Eternidad;

AMEN.